Redacción y Fotografía: Isabel Gaitán

Esta es la condición inhumana que atraviesan los indigentes al vivir en las calles y estar expuestos al sufrimiento, al igual que las mujeres trabajadoras del sexo.

Un escenario paupérrimo e invisibilizado por la sociedad, es la circunstancia que enfrentan muchas personas en las calles de San Salvador. En el pequeño pulgarcito de América, conocido como El Salvador, existe una cruda realidad, allí no todo es color rosa, las penas y amarguras que muchas salvadoreños atraviesan son invisibilizadas por la colectividad misma.

Entre las consecuencias de lo dicho anteriormente, se puede destacar el rechazo de la sociedad, la marginación, abusos físicos, desnutrición, enfermedades, vicios entre otros, todo ello es parte de su diario vivir.

Existen muchas clases de indigentes, entre ellos: los que tienen un vicio inmerso como la pega, el alcohol, las drogas, entre otros. Por otro lado, están los ancianos que les toca pedir limosna debido a que no tienen un hogar y su familia les dio la espalda, al igual que los niños abandonados por sus padres, no obstante los que nacieron y han crecido en ese ambiente.

Los sitios más frecuentes en los que se encuentran ubicados los indigentes son debajo de puentes, plazas, parques aceras de las calles, donde tienen que pasar invierno y verano, ante el frío, o el calor, ellos no tienen otra opción más que acoplarse a esa situación. Es una cruz pesada con la que tienen que cargar a diario, algunos se han acostumbrado, pero otros quizá no, y debido a eso, solo les corresponde “rebuscarse” por conseguir un poco de comida para poder sobrevivir.

Mientras tanto, los trabajos o actividades que realizan para obtener recursos económicos son muy variados, unos tienen que hacer piruetas, otros abordar el transporte colectivo y pedir una colaboración, están los cargadores, los limpiaparabrisas, a través de la prostitución también obtienen ingresos económicos, no menos importante aquellos que por razones diversas les gusta lo fácil y se adueñan de lo ajeno para luego lucrarse de ello.

“En la calle se aprende de todo, desde lo bueno hasta lo malo, y no es que uno quiere hacer cosas malas, pero la situación lo obliga, si nosotros no tenemos nada”, dijo Leopoldo, quien le llamaremos así, ya que no recuerda su nombre, solo comenta que le dicen el chuco.

A consecuencia de vivir en un ambiente paupérrimo, los indigentes lo único que les toca hacer en sobrevivir en medio de esas condiciones.

Algunos mendigos en un pasado lo tuvieron todo y lo perdieron por vicios o malas decisiones. Ellos no tienen a donde ir y aun así hay ocasiones que los desalojan de ese pedazo de acera que utilizan para poner un pedazo de cartón y pasar la noche.

A raíz de ello, sus necesidades no solo estriban en alimentación o ropa, también necesitan ayuda psicológica, ya que todos ellos tienen una historia que contar, vivencias de un pasado caótico que les llevó hasta perderlo todo; el trasfondo es una espina que les daña, y son ellos quienes están llenos de resentimientos, rencores, tristezas, penas, entre otros sentimientos que les ahogan emocionalmente, y todo su sentir se convierte en amargura.

Sin embargo, este un escenario cotidiano que no se puede obviar, aunque pareciera que sí, ya que las autoridades gubernamentales no reflejan el mínimo interés por este sector de la sociedad, sólo son discursos de papel, promesas tras promesas, ayudan solo cuando viene el torbellino de fenómenos naturales, cuando estos cesan nuevamente los mendigos regresan a los lugares marginados.

Hay que tener en cuenta que, los indigentes siempre han sido  tratados como delincuentes, ladrones, personas que ocasión asco, sin embargo, la pregunta es ¿La sociedad hace bien en juzgarlo en vez de reinsertarlos dentro de ella?, la parte humana es lo más esencial y ayudar siempre que se pueda es fundamental.

En el mismo escenario desagradable, pero con diferentes protagonistas

El Escenario desagradable ante la sociedad, allí es donde se encuentran las mal llamadas “sidosas”, son las que están en los bares, burdeles o las afueras de los moteles del gran San Salvador, de la misma manera que los mendigos ellas sufren la consecuencia del libertinaje de la calle.

Son mujeres que a simple vista ya se tienen un concepto de lo que hacen, aquellas que llegaron a esos lugares ingenuamente al leer un anuncio que decía “Empleos varios” o “Se necesitan señoritas mayores de 18 años, con o sin experiencia”. Pero, sin duda era una tela de engaño; otras llegaron allí por necesidad de trabajar y sacar a su familia adelante.

En cualquier calle y avenida del Centro Histórico ellas siempre están allí, son mujeres que la sociedad margina, las oprimidas, las juzgadas, las humilladas a causa de su profesión, ¿Quién las defiende?

Ellas, las mal llamadas “escoria”, también sufren en ese ambiente repudiable para la sociedad, cada vez incremental el rechazo y poco respeto a su trabajo. Muchas personas aún no han llegado a comprender la dignidad humana es independiente de las acciones y decisiones que alguien realice.

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