EL SALVADOR TIENE UN SANTO

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Por: Xavier Álvarez

El 14 de octubre quedará  registrado en la historia como una de las fechas más importantes, un día que marca el antes y después de un país y de su gente; un  acontecimiento sin precedentes, memorable para la iglesia y para el mundo.

El salvador tiene un santo, su nombre es Oscar Arnulfo Romero, pastor bueno y mártir que murió por la fe, por la justicia y la paz. Hombre de entrañable  fe y esperanza, que alzó a los cuatro vientos  su voz, por quienes no la tenían, defensor abnegado que abogó por los desamparados; custodio valiente y promotor de la doctrina social de la Iglesia. Su manual ideológico fue siempre el evangelio, y sus armas fueron siempre la Palabra y la verdad.

Su figura sobresale como la de aquel que fue defensor incansable de las causas justas, tanto así que su mensaje fue motivo suficiente para ser considerado internacionalmente como promotor de la paz.

Dentro de sus  méritos destaca haber sido nominado para recibir el premio Nobel de la Paz en 1979, además de haber sido condecorado en dos ocasiones con un doctorado Honoris Causa; el primero por la universidad de Georgetown de Washington en 1978, y el segundo, otorgado por la Universidad de Lovaina en 1980.

Por esto y más, Monseñor Romero no solo es venerado por muchos católicos, también, lo es fuera de la misma  Iglesia por otras denominaciones religiosas de la cristiandad, entre las que destaca la Iglesia anglicana, que lo ha incluido en su santoral. Además, su imagen figura en la abadía de Westminster, en Londres, como uno de los diez mártires del siglo XX.

En nuestro país su figura ha ido adquiriendo relevancia y respeto en los diversos sectores de la sociedad. En 2010, como reconocimiento a su legado, la Asamblea Legislativa declaró el 24 de marzo como el Día Nacional de Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Igualmente, la Organización  de las Naciones Unidas (ONU) nominó esa fecha como el Día Internacional para el Derecho a la Verdad,  en relación a la labor de defensa de los Derechos Humanos expresada en Romero.

Querido por muchos, odiado por otros, Romero fue, y sigue siendo, la figura más representativa y emblemática de nuestro país, su legado es tan amplio que sobrepasa las fronteras y los idiomas y su mensaje es tan fresco y vigente, que aun suena en las realidades espirituales y sociales actuales.

Hoy como ayer, el mensaje de Monseñor Romero sigue siendo actual. Sus homilías, y sus cuatro cartas pastorales, escritas como Arzobispo de San Salvador; a pesar del tiempo, resuenan siempre nuevas y no pierden el sentido estricto del evangelio; esa buena nueva de Jesús, que es al fin de cuentas la que guió su ministerio de Pastor y maestro.

Ahora Romero trasciende, llega donde no imaginó, -aunque seguro fue su deseo y la razón de su entrega- al lugar de la corona merecida que el Señor, Juez justo otorga. Llega a los altares, a la posición de ejemplo, por  su vida y su entrega generosa; para ser faro, para ser sendero y horizonte de un pueblo que tiene fe, pero que también tiene sed de modelos y referentes para afrontar los tiempos actuales.

En definitiva, el paso de los años ha ido acentuando la verdad, de aquel que no hizo más que tomar en serio su figura de Pastor a ejemplo de Cristo; tanto así que llegando a las últimas instancias, lo entregó todo por la justicia y la paz.

El salvador tiene un santo, su nombre es Oscar Arnulfo Romero

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