Redacción: Susana Barrera, Columnista/Foto: Archivo.

La partida del gran pintor salvadoreño Fernando Llort, es importante reconocer su aporte al desarrollo local desde la promoción de los talentos artesanales.

La verdadera Semilla de Dios y el legado de Fernando Llort

Le invito a pensar en Ilobasco, Cabañas. De seguro e inmediato vienen a su imaginario sus tradicionales figuras de barro, ahora trasládese a Cojutepeque en Cuscatlán y sin duda vino a su mente butifarras y chorizos, y así podríamos seguir el ejercicio y construiríamos un mapa de figuras, colores y sabores que representan a la identidad local. Ahora nos trasladaremos a La Palma en Chalatenango en el norte de El Salvador…

Desde que poco se imprimen fotografías, las artesanías en los últimos años son las únicas evidencias físicas de sus visitas a varios destinos. Las artesanías como parte del souvenir y la identidad de un país también tienen sus clasificaciones: de acuerdo a los materiales con que son diseñadas, por la región, por el uso o por el estilo. Las artesanías con las cualidades de La Palma serán entonces, en muchos hogares y oficinas del mundo, la principal fuente de verificación de una o varias visitas a este país.

Estas obras de arte por su naturaleza no solo son tarjeta de presentación, o el regalo o el recuerdo idóneo también son un rubro interesante en la economía vinculada al turismo y al desarrollo local; en ese contexto, ha sido un legado importante que el Pintor Fernando Llort ha dejado al país.

Desde la década de los 70´s, gracias a Llort, La Palma, adoptó un exquisito y característico estilo de artesanías con un enfoque costumbrista, es decir, le puso colores y trazos particulares a la vida de la campiña nacional. El mérito de Llort no termina aquí, cuando el conocimiento o el talento se comparte este se convierte en un don.

El don de Fernando Llort no hubiese tenido el impacto que alcanzó sino entrega su técnica a las comunidades de La Palma y sus alrededores. Junto a otros fundó el taller y cooperativa de la Semilla de Dios en agosto de 1977 en este municipio, el que ha sido el alma mater y espacio de creación para centenares de artesanos. Para 1985 había renunciado a la cooperativa pero ya su semilla había germinado. Era un contexto difícil para el país.

Años más tarde esa cuna de colores, sería el escenario del primer Diálogo de Paz en plena guerra civil, elemento que de forma abstracta también se plasma es cada producto artesanal; desde siempre la necesidad de paz y armonía como elementos simbólicos de país.

En ese contexto, y en el mundo artesanal las mujeres y los jóvenes representan la mayor cuota, ya sea como creadores o comercializando, una artesana ex pupila de La Semilla de Dios es Nery Hernández, oriunda de San Fernando en Chalatenango, como consecuencia del pasado conflicto armado debió movilizarse a una comunidad limítrofe entre Ciudad Arce y El Congo, en el Occidente del país; y como es “natural” las necesidades de las comunidades limítrofes no siempre son reconocidas por las autoridades. En circunstancias de sobrevivencia, aflora la creatividad para Nery, ahora de 62 años de edad, el don que adquirió en La Semilla de Dios ha sido el sostén de su vida.

Como verá, apreciar una particular imagen de trazos lineales, armónicos, de vistosos colores y representativa de nuestra campiña es valorar el legado de Fernando Llort y a su principal galería integrada por los miles de artesanos que adoptaron este estilo que sobreviven de generación en generación, y que han encontrado en este distinguido estilo artesanal sus medios de vida, de subsistencia o de emprendimiento, y con ello potencian la identidad de país. Gracias al don de Fernando Llort, gracias a La Semilla de Dios por mostrarnos que el arte es de todos y de nadie. Eso es identidad.

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